martes, 8 de marzo de 2011
Pecados capiteles
Algunos pecados capitales del mundo alrevés. Eduardo Galeano
Nuestro mundo, mundo alrevés, que tiene la cabeza en los pies, tiene la costumbre de cometer muchos más que siete pecados capitales, y sin duda más de los que voy a nombrar; pero algo es algo.
Para hablar de esos pecados he recurrido a algunos relatos que provienen de los libros por mí cometidos. Al fin y al cabo, del mundo se trata , y el mundo está hecho de átomos, pero también está hecho de historias ...
Nuestro mundo, mundo alrevés, que tiene la cabeza en los pies, tiene la costumbre de cometer muchos más que siete pecados capitales, y sin duda más de los que voy a nombrar; pero algo es algo.
Para hablar de esos pecados he recurrido a algunos relatos que provienen de los libros por mí cometidos. Al fin y al cabo, del mundo se trata , y el mundo está hecho de átomos, pero también está hecho de historias ...
sábado, 5 de marzo de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
Ilegales
El hambre y la violencia gestan inmigrantes en el Sur.
El ojo insomne del Norte vigila sus fronteras.
Los espejismos en los desiertos africanos
ya no dibujan oasis con lagos y palmeras,
sino altos edificios de dicha y de cristal.
Algunos alcanzarán la tierra de sus sueños
ajenos, seducidos.
Como una nueva estrella de David
clavada en la espalda y el costado,
diana segura de desprecios y de rejas,
a todos les impondrán el mismo nombre,
el único nombre tatuado con laser
en su piel oscura: “ilegal”.
Con su mirada de búho los vigilantes
verán en la tiniebla las sombras sigilosas,
y con el husmear de los radares perforarán la oscuridad,
cómplice inútil de la senda prometida.
Las lanchas patrulleras les clavarán en la noche
un arpón de luz en las espaldas clandestinas.
¡Cuántas historias flotarán ahogadas en el agua!
¡Cuánto anonimato se derretirá en el desierto!
Oleadas de emigrantes se arrancan de su campo.
Las raíces al aire sangran tierra fresca.
En lucha infinita nombres familiares arden en el pecho.
Se orientan hacia el Norte, y buscan a tientas pasar
por el ojo de la aguja estrechando la existencia.
Benjamín González Buelta
El ojo insomne del Norte vigila sus fronteras.
Los espejismos en los desiertos africanos
ya no dibujan oasis con lagos y palmeras,
sino altos edificios de dicha y de cristal.
Algunos alcanzarán la tierra de sus sueños
ajenos, seducidos.
Como una nueva estrella de David
clavada en la espalda y el costado,
diana segura de desprecios y de rejas,
a todos les impondrán el mismo nombre,
el único nombre tatuado con laser
en su piel oscura: “ilegal”.
Con su mirada de búho los vigilantes
verán en la tiniebla las sombras sigilosas,
y con el husmear de los radares perforarán la oscuridad,
cómplice inútil de la senda prometida.
Las lanchas patrulleras les clavarán en la noche
un arpón de luz en las espaldas clandestinas.
¡Cuántas historias flotarán ahogadas en el agua!
¡Cuánto anonimato se derretirá en el desierto!
Oleadas de emigrantes se arrancan de su campo.
Las raíces al aire sangran tierra fresca.
En lucha infinita nombres familiares arden en el pecho.
Se orientan hacia el Norte, y buscan a tientas pasar
por el ojo de la aguja estrechando la existencia.
Benjamín González Buelta
martes, 1 de marzo de 2011
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